Alfredo Vásquez | Strategic Design Lead

Publicado el: February 2021

Publicado en: Personal

Argos de cachorro, poco después de llegar a casa.

Junio de 2007. El día que llegaste a casa.

Argos de cachorro.

Todavía tan pequeño como para cargarte con un brazo.

Argos explorando el patio de cachorro.

Aprendiendo el patio, rincón por rincón.

Argos de joven.

Enérgico, renegón y ya terco.

Argos en un paseo.

Listo para otro paseo, con ropa deportiva y todo.

Argos en sus años mayores.

Más grande ya, el mismo salto, a otra velocidad.

Argos en su vejez.

Trece años después, siempre a mi lado.

Argos cerca del final de su vida.

Uno de los últimos paseos juntos.

Argos y Buffy de cachorros.

Ustedes dos, juntos desde el primer día.

Argos y Buffy juntos.

Inseparables, aunque ella se pusiera celosa.

Argos y Buffy pidiend comida.

Siempre hambrientos.

Argos y Buffy en casa.

Una casa más tranquila, antes de que empezaran los aullidos.

Argos y Buffy juntos, en años posteriores.

Hermanos, hasta octubre de 2014.

Fotografía de Buffy.

Buffy, que se robó el corazón de toda la familia sin pedir permiso.

Para Argos

Han pasado 99 días desde el momento más triste que me ha tocado vivir. En cada etapa de mi vida hubo siempre un compañero de cuatro patas a mi lado, y quizás por eso tu ausencia pesa tanto.

Un día de junio de 2007, la que hoy es esposa de mi hermano mayor te trajo a casa. Yo pensaba adoptarte solo a ti, pero llegaste con tu hermana, y Buffy se robó el corazón de toda la familia sin pedir permiso. Se quedaron los dos. Desde ese día fuimos amigos, y mi cariño por ustedes solo creció con los años, un poco más hacia ti, porque estabas bajo mi cuidado.

Recuerdo el terremoto de Pisco. Yo estudiaba, mi hermano los acompañaba mientras dormían en su cama, y de pronto la tierra empezó a moverse. Salimos corriendo con ustedes dos, uno en cada brazo, todavía tan pequeños que cabían en una sola mano.

Tuvimos una vida plena: paseos, juegos en el patio, tardes enteras sin más plan que estar juntos. Te recuerdo enérgico, renegón, alegre, amoroso. De joven te sacaba a pasear con ropa deportiva para saltar arbustos contigo, ¿te acuerdas? Y seguiste haciéndolo con los años, aunque ya a otro ritmo, con otra fuerza. También recuerdo lo rápido que te bañaban para que tus aullidos no alborotaran a los demás perros del barrio.

Vivimos felices con tu hermana hasta que llegó el 30 de octubre de 2014, el día que Buffy nos dejó. Todavía extraño su cara delgada, sus mordidas celosas cuando te acariciaba a ti. Con los años dejaste de aullar poco a poco. Ya no hubo coro por las noches. Supongo que los vecinos durmieron mejor.

Fueron más de trece años de amor hasta ese último día, el más difícil, cuando tuve que decidir por tu bien. Esa mañana fui a saludarte y me diste un abrazo como nunca antes, uno que todavía llevo conmigo. Te vi feliz caminando a mi lado por última vez. Sacaste fuerzas para resistirte al bozal, con esa terquedad tuya de siempre. Y yo tuve que hacer lo más difícil que he hecho: transmitirte calma mientras por dentro se me rompía todo. En esos últimos minutos, sacaste fuerzas otra vez, esta vez para lamerme. Y así, poco a poco, esa luz tan hermosa en tus ojos se apagó.

Argos, a pesar de la tristeza de estos días, estoy en paz. Sé que estás en un lugar mejor, y aunque ya no estemos juntos físicamente, vas a seguir aquí, en mi mente, en mi corazón, en mi alma.

Dirán que estoy loco, pero hoy sentí que viniste a despertarme. Lamiéndome la cara, como siempre.